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sábado, 11 de septiembre de 2010

¿Quién puede decapitar a una poetisa?

Alguna vez hubo tres bustos en este lugar de la Plaza San Martín: el de Alfonsina Storni, el de Juana de Ibarbourou y el de Gabriela Mistral. Al día de la fecha (10/09/2010) solo sobrevive el de la poetisa chilena. 
Mi intención era mostrar una imagen de los bustos en su estado original, pero no encontré ni una. Si esto hubiese sucedido con la estatua de algún genocida español, al menos un diario marplatense ya hubiese tirado la bronca.

domingo, 15 de agosto de 2010

Poema Canción De Otoño de Paul Verlaine


Los sollozos más hondos
del violín del otoño
son igual
que una herida en el alma
de congojas extrañas
sin final.
Tembloroso recuerdo
esta huida del tiempo
que se fue.
Evocando el pasado
y los días lejanos
lloraré.
Este viento se lleva
el ayer de tiniebla
que pasó,
una mala borrasca
que levanta hojarasca
como yo.

domingo, 18 de julio de 2010

Hojas del árbol caídas...

Hojas del árbol caídas, 
juguetes del viento son:
Las ilusiones perdidas,
¡ay! son hojas desprendidas
del árbol del corazón.

El estudiante de Salamanca -  José de Espronceda

miércoles, 9 de junio de 2010

Poema que tuve que copiar en mi cuaderno de primaria (y siempre pensé que era de Alfonisna)




Oye, María Antonia,
la música más
linda de las músicas…
¿No te gusta el mar?...
Hay un pececito
que quiere saltar
de su cárcel de agua…
¿No te gusta el mar?...
Y hay perlas que tienen
por su claridad
pedazos del día…
¿No te gusta el mar?...
Y hay coral que sirve –
no olvides: ¡Coral! –
Para las peinetas
¿No te gusta el mar?...
Y hay teclas más blancas
que granos de sal,
de un gran piano de agua…
¿No te gusta el mar?
Abre tus ojitos
y ven a pasear.
te doy mi barquito…
¿No te gusta el mar?...
Pasarán los años
y tú viajarás
¡Ay, pero no olvides
que te gusta el mar…!
El mar es un cielo,
pero musical;
¡Y Dios el pianista
del piano del mar…!



Versos de mar, de Andrés de Piedra Bueno



sábado, 5 de junio de 2010

polen asesino

Aquello que se ve al fondo es polen y me mata durante absolutamente todas las primaveras y todos los otoños. Pero el amor por la Avenida de los Tilos es más fuerte...

sábado, 29 de mayo de 2010

La lluvia y Borges


Bruscamente la tarde se ha aclarado
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.
Quien la oye caer ha recobrado
El tiempo en que la suerte venturosa
Le reveló una flor llamada rosa
Y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales
Alegrará en perdidos arrabales
Las negras uvas de una parra en cierto

Patio que ya no existe. La mojada
Tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto. 

miércoles, 24 de febrero de 2010

La ciudad sin

En la ciudad callada y sola 
mi voz despierta una profunda  resonancia.
   
Mientras la noche va creciendo pronuncio un  nombre y este nombre me acompaña. 


La soledad es poderosa pero sucumbe ante mi voz enamorada. 

No puede haber nada tan fuerte como una voz cuando esa voz es la del alma.
En el sonido con que
suena siento el sonido de
     una música lejana.
Y en la energía remota que la mueve siento el calor de
     una remota llamarada.


Porque mi voz es una chispa de aquella hoguera
     que eterniza lo que abrasa.
Porque mi amor es una chispa de aquella hoguera
     que eterniza lo que abrasa.
Para poblar este desierto me basta y sobra con
     decir una palabra.
El dulce nombre que pronuncio para poblar este
     desierto es el de Laura.
Las cosas son inteligibles porque este nombre de mujer
     las ilumina.
Porque este nombre las arranca de las tinieblas en
     que estaban sumergidas.
Una por una recuperan su resplandor espiritual y
     resucitan.
Una por una se levantan con el candor y la belleza
     que teman.
La obscuridad desaparece mientras el sueño silencioso
     se disipa.
Por este nombre de los nombres hasta la muerte sin
     palabras tiene vida.
Ya no resuena entre las cosas el gran torrente de las
     noches y los días.
El tiempo calla y se detiene para escuchar esta perfecta
     melodía.
Mi vida entera permanece porque este nombre que
     recuerdo no me olvida.
Porque este nombre me sostiene con emoción desde su
     tierna lejanía.
Cuando mi boca lo ignoraba, la soledad era más honda
     que el silencio.
Cuando mi boca estaba muda, mi corazón era invisible
     como el viento.
Se conocía que vivía por la canción que lo tenía
     prisionero.
Pero vivía en otro mundo; para las cosas de este mundo
     estaba muerto.
Le pesadumbre de las horas era mas íntima que nunca
     en aquel tiempo.
Porque las noches eran largas; porque los días de las noches
     eran lentos.
La tierra estaba más obscura porque faltaban las estrellas
     en el cielo.
El manantial de donde brota la luz que alumbra el corazón
     estaba seco.
¿Qué hubiera sido de mi vida sin este nombre que pronuncio
     en el desierto ?
¿Qué hubiera sido de mi vida sin este amor que me acompaña desde lejos?
Lejos está la dulce causa del corazón, de la cabeza y de la mano.
Pero su ausencia es la del río, que con la fuente que lo llora
     vive atado.
Nunca he sentido como ahora la vecindad de la mujer que      estoy cantando.
Cuando el amor está presente no puede haber nada escondido ni lejano.
La luz del fuego que me alumbra ¿no es la que alumbra el corazón del ser amado?
La llamarada que me quema ¿no es la del fuego en que se quema sin descanso?
Aunque las leguas se interponen entre nosotros, ya no pueden separarnos.
Porque el amor que vence al tiempo no puede estar sino a cubierto del espacio.
Entre la dicha y mi existencia la diferencia que hubo ayer se va borrando.
El ser que nombro es el que, siendo, me da una vida  sin dolor ni sobresalto.


La ciudad sin Laura, de Francisco Luis Bernárdez


 

lunes, 18 de enero de 2010

Calle Misiones - Desde la Terminal hasta Av. Libertad




Casas enfiladas, casas enfiladas,
casas enfiladas.
Cuadrados, cuadrados, cuadrados.
Casas enfiladas.
Las gentes ya tienen el alma cuadrada,
ideas en fila
y ángulo en la espalda.
Yo misma he vertido ayer una lágrima,
Dios mío, cuadrada.


Cuadrados y ángulos; Alfonsina Storni

domingo, 17 de enero de 2010

A un árbol seco

Cada vez que veo árboles como estos, recuerdo este poema de Don Antonio Machado que me enseñaron en la secundaria:


Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo

algunas hojas verdes le han salido.
  ¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

  No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

  Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

  Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas, 
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.




A un olmo seco
4 de mayo de 1912

No tengo ni idea qué clase de árbol será este o los tantos árboles que me recuerdan a ese olmo seco, pero sí sé que le estaré por siempre agradecida a mi profesora de "Castellano", la señora Susana Segura, a quien le debo muchísimos poemas y cuentos con los que me hizo encontrar.